Después de tres años de estar
ausente, se siente un poco raro volver a escribir. He leído varias de mis
entradas anteriores y, aunque muchas están llenas de razón, me doy cuenta que
soy una persona completamente cambiada. Ya son 30 años que pesan sobre mis
hombros, pero lo que me motiva a escribir sigue siendo lo mismo. El amor. El
jodido amor. Lo que nos mueve a todos. Eso que nos atormenta, nos asusta y, al
mismo tiempo, nos da paz y alegría.
En este momento hay mucho que
quiero decir sobre este tema. Tengo muchas ideas y voy a tratar de ir
ordenándolas mientras escribo.
Comencemos con ¿qué pasa cuando
el amor se vuelve costumbre? Yo sé que hay miles de artículos que te dicen cómo
devolverle la chispa a tu matrimonio y a tu vida sexual. Personalmente, nunca
me han servido. Principalmente porque siempre he creído que el verdadero amor
nunca se vuelve costumbre. O por lo menos que se vuelva una costumbre no es
algo malo. ¿Por qué? Porque la costumbre es algo con lo que puedes vivir
fácilmente. Existen costumbres que te encantan y que te alegran. Lo malo es
cuando el amor se vuelve tedioso y no sabes qué hacer con él. El amor puede
convertirse en culpa, en rencor, en orgullo. Todos estos, sentimientos que no
nos dejan vivir tranquilos.
Y entonces te encuentras en una
relación con culpa. Que no terminas porque te da miedo estar sol@ a tus 30s;
porque has creado una especie de
dependencia con esta persona; o porque simplemente te da pavor el
cambio. Ok, lo entiendo. Me ha pasado. Pero al final eso lo único que hace es
dos personas infelices que no saben cómo salir de ese hueco. Y, por cualquier
lado en que trates de ver la situación, ESTÁ MAL! Porque, ¡Vamos! Nadie quiere
ser infeliz. Estamos en este mundo para ser felices.
Yo no les voy a mentir, ni les
voy a endulzar la oreja adornándoles la realidad. La vida duele. El amor duele.
Los rompimientos, unos más que otros, duelen. Pero al final lo que deben
preguntarse es: ¿quiero terminar ahora, que sé que me va a doler, o termino
después, cuando puede que me duela menos, pero puede también que haga más daño?
Lo explicaré desde otra perspectiva.
Cuando has caído en el tedio, lo
más probable es que ya hayas pensado en terminar, pero eres muy cobarde para
dar ese paso. Si estás fastidiado por la situación, lo más probable es que ya
hayas dejado de querer. O eres tan ingenuo como para pensar que esas cosas que
te generan fastidio ahora, algún día, dejarán de molestarte. Eso no va a pasar.
Las cosas que te fastidian hoy, mañana te darán más fastidio. Entonces te
puedes encontrar con varias situaciones:
a)Tú
estás fastidiado y te la pasas diciéndole a tu pareja todo lo que hace mal. Por
ende, tu pareja también termina fastidiada.
b)Tú
no te sientes fastidiado porque amas a esa persona con todos sus defectos, pero
tu pareja parece estar inconforme con la relación por lo que tú te sientes
pésimo.
c)Tú
no estás fastidiado porque ya simplemente no te importa nada y estás haciendo
daño a tu pareja estando con él/ella haciéndolo pensar que todo está bien.
Y así podría enumerar otras
situaciones, pero quedémonos sólo con estas. Sea como sea, en cualquiera de
estos escenarios alguien va a salir lastimado. Entonces ¿qué vas a escoger?
Terminar sería lo más recomendable. Lo que queda decidir es si o harás ahora o
después.
Me imagino que muchos dirán que
me he convertido en una cínica que no cree en el amor. Que las relaciones se
pueden salvar con trabajo mutuo, amor, comprensión y ternura. Puede ser verdad.
Pero, lo siento, en mi caso no aplica. Porque soy madre soltera, soy
estudiante, soy pequeña empresaria, como me quieran denominar. Tengo muchas
cosas en mi vida por las que preocuparme. Y me cansé de sentirme culpable por
no poder darle a un hombre la atención que se merece. Me cansé de sentirme
culpable por querer dejar todo y ocuparme de mí misma. Me cansé de adaptarme a
una vida que me tocó vivir. Y más que nada me cansé de vivir mi vida
preocupándome por el daño que les podría hacer a terceros, cuando yo no me
siento cómoda con lo que estoy haciendo.
Me di cuenta que a esta edad, te
importa un culo lo que piensen de ti. Más que en los 20s en mi caso. Y
comienzas a vivir la vida como quieres vivirla. Fuera de ataduras emocionales y
convenciones sociales.
Puedo decir: sí, estuve en una
relación de dos años que no funcionó. No nos fue mal, simplemente no estábamos
destinados a estar juntos. No éramos el uno para el otro.
Varias veces me intentaron hacer
comer el cuento de que a esta edad el amor ya no es como a los 20s. Que ya no
sientes esas cosquillas, ni esa emoción que sentías antes. Que la pasión ya no
existe, no la vives de la misma manera que en la juventuC. Yo he decidido que
no quiero creer eso. Aunque signifique quedarme sola, con mis dos hijos y me
toque comprarme una media docena de gatos. ¿Saben qué? Me importa un culo…
No se
si es por la manera en que he sido criada entre libros, poemas y canciones, que
tengo la manía de escribir todo lo que siento y pienso. Todo lo que está a mi
alrededor lo analizo y todo lo exteriorizo mediante la escritura. He vivido 26
años siguiendo un principio inculcado por mi padre, que se ha arraigado muy
dentro de mi ser: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”. Y es por
esta misma razón que me siento en la obligación de compartir mi filosofía de
vida y denunciar lo que creo que está mal. En estos últimos meses ha habido
cosas que he querido gritar y que no he tenido ni tiempo, ni público para
hacerlo. Por eso me he decidido a escribir ahora.
Vivimos
en una época en donde todo es moda. La religión es moda. El voluntariado es
moda. La sensibilización ante los animales es moda. Y así mismo un sinnúmero de
causas “humanitarias” que nos muestran hoy en día. Y de cierta forma está bien,
porque terminamos haciendo algo bueno por la sociedad, pero nos perdemos en la
moda sin saber bien qué es lo que estamos haciendo.
Aprovechando
las palabras del Papa Francisco que ha llamado a la juventud y la sociedad en
general a aventurarse en un voluntariado activo, no sólo de palabras; me atrevo
yo misma a compartir mis experiencias y mis puntos de vista con quien quiera
leer esto.
Soy
católica, pero no soy fanática al 100% de la Iglesia. No creo en una
institución gobernada por seres humanos. Dado a que todos los seres humanos
comentemos errores. Creo firmemente que la fe debe regularse en lo más dentro
de cada uno de nosotros. Y los únicos preceptos que debemos seguir como leyes
universales, son los de amar al prójimo como a nosotros mismos y todo lo que
esto conlleva.
Pero
esto no es lo que quiero transmitir realmente. Tomo en consideración este tema
porque concuerdo con el Papa, en que necesitamos acciones para cambiar lo que
está mal y fortalecer lo que estamos haciendo bien.
Creo
que lo he dicho varias veces en mis posts, yo no decidí estudiar derecho porque
quiero ser abogada. Ni porque quiero ganar plata. De hecho estoy cada vez más
asqueada del sistema legal en nuestro país, a medida que me voy adentrando en
este mundo de la práctica del derecho. Yo estudio derecho porque estoy
convencida de que las leyes son la base de la injusticia social en la que se
encuentra inmersa nuestra sociedad. Y si no sé de leyes, no puedo cambiarlas,
ni puedo luchar contra ellas. Estoy convencida de que no todo lo legal es
justo, lo que se origina en miles de años de personas incompetentes creando
leyes a su conveniencia y a la conveniencia de los que están en el poder.
Entonces
mi misión es ayudar a todas las personas que pueda ayudar, a despertar del
eterno letargo en el que hemos vivido. A abrir sus ojos a las realidades que
hay más allá de los patios con el césped verde y las urbanizaciones con muros
gigantes y seguros. Y más que nada a combatir el peor de los males que podemos
sufrir: la pobreza. No sólo económica, sino también la pobreza espiritual y la
falta de educación.
Se
preguntarán ¿cómo llego, yo, a tener esta misión tan compleja? Pues el cuento
comienza hace mucho mucho tiempo. Con mi padre, que nació en una familia muy
muy pobre, con 7 hermanos y una madre soltera sin profesión alguna. Llegaron a
Guayaquil, luego de mucho esfuerzo y mucho carácter de mi abuela (para criar a
6 varones tremendos), a un cuartito sucio, que antes era utilizado como bodega,
en el centro de la ciudad, para que puedan estudiar mientras ella se dedicaba a
lavar ropa y otras labores para poder darles de comer. Después de haber sufrido
muchas necesidades, verdaderas necesidades (no lo que conocemos ahora como
necesidades), se pudo labrar una vida, luego de muchos años, de cultura y
comodidad. No digo de riquezas, porque nosotros nunca hemos sido ricos, refiriéndome
a riqueza económica. Pero sí ricos de espíritu y de cultura. Cosa que para mí
es lo más importante.
Cuando
mi padre conoció a mi madre, todavía no tenía estabilidad de ningún tipo. La
familia de mi madre tampoco era de riqueza económica. Entonces, entenderán que
cuando yo nací, aproximadamente un año después de que se casaron, también me
tocó sufrir un poco. Pero más que nada les tocó sufrir a ellos. Porque yo tuve
la perfecta definición de una princesa. No por mimada sino por lo delicada que
era físicamente. No era un bebé de esos “todo terreno” y les costé cada centavo
que podían ganar. Mientras crecía no conocí lo que era andar en carro propio
durante mucho tiempo. Ni lo que era tener los zapatos o la ropa de moda. No
supe, hasta muy entrada mi adolescencia, lo que era tener una navidad con
muchos juguetes y regalos.
Aun
así nunca me faltó nada. Estudié música. Aprendí idiomas. Me gradué en un buen
colegio. Estudié en buenas universidades. Pero lo que sí conocí y de lo que
estoy convencida hasta el más pequeño de mis átomos, es que somos capaces de
hacer todo lo que nos propongamos, por más difícil que esto parezca.
Y es a
eso que va mi post. Recuerdo mis días, saliendo cansada de la escuela, volando
a casa para cambiarme de ropa y salir por las mismas al conservatorio. Almorzar
algo en el trayecto en bus y tomar una pequeña siesta antes de llegar a mis
clases de solfeo y piano. Y todo ese esfuerzo que hice, toda esa tristeza que
sentía a ratos por no poder hacer lo que los “niños normales” hacían, como ver
tv o entrenar deportes, se ve ahora reflejada en mi tan íntima relación con la
música y la literatura, la cual no cambio por nada.
Ese
esfuerzo no sólo de mis padres, sino también mío (tal vez ahora lo veo más
claramente que cuando estaba pequeña), de querer superar cualquier obstáculo
que se presentara en mi vida, es lo que me lleva a la misión que me he trazado.
La pobreza no es algo que está ahí y que existirá siempre. La pobreza es un mal
que nos aqueja a todos. Porque si cerramos los ojos a lo que hay más allá,
sumergimos nuestra vida en pobreza, al contrario de lo que creemos. Mostrarnos
indiferentes lo único que hace es crear pobreza en nuestros corazones. ¿Queremos
que nuestros hijos crezcan en un mundo pobre? Por lo menos yo, no lo quiero. No
quiero que mis hijos crean que porque ellos no sufren necesidades, no existe gente
que pase por eso. No quiero que vivan con los ojos cerrados. Y ciertamente no
quiero que sean intolerantes a las demás realidades diferentes a las de ellos.
Entonces,
si quiero un mundo diferente para ellos, ¿quién hará que así sea? Pues yo. Por
mí comienza el cambio. Y si puedo ayudar a una familia a que supere los
obstáculos que la vida presenta muchas veces, lo haré encantada. Si puedo
evitar que una persona sufra lo que alguna vez sufrió mi padre, como muchos
otros miles, seré feliz. Y si puedo hacer que esto se replique 10, 100, 1000,
un millón de veces más, estoy segura de que mi misión estará cumplida.
Si no
lo hago yo ¿quién lo hará? Si no somos nosotros, entonces ¿quién?
Nos encontramos en momentos
deplorables en la historia de la humanidad. Tal vez muchos vean el ambiente
político- social de nuestro país y piensen que lo que está sucediendo en estos
momentos, difícilmente, puede ser catalogado como histórico. Yo, por mi parte,
difiero de esto. No porque seamos un país pequeño, lejos del primer mundo,
significa que lo que pasa aquí no es historia. O que los atropellos que viven
nuestros compatriotas están fuera del escrutinio de la comunidad internacional.
A pesar de haber tenido cambios
significativos en la Constitución en materia de Derechos Humanos, podemos ver
cada día cómo éstos están siendo violentados de manera imperdonable. Más ahora,
con los acontecimientos que hemos venido presenciando en los últimos meses en
Guayaquil. La pregunta que todos debemos hacernos como seres humanos en
general, es ¿hasta dónde puede una política estatal, una acción legalmente
fundamentada, pasar por encima de los derechos humanos de cada individuo? O en
este caso, de un colectivo enorme de personas viviendo en situaciones
precarias.
Si bien es cierto los terrenos
que han sido desalojados son invasiones, muchos de ellos fueron vendidos de
manera ilegal por traficantes de tierras. Muchas familias fueron perjudicadas
por estos personajes sin escrúpulos que trataron simplemente de beneficiarse de
la ignorancia.
Así
mismo, muchas de estas viviendas están ubicadas en zonas de riesgo, pero aún
así constituyen el humilde hogar de cientos de familias, ahora afectadas. Y por
este motivo no es posible que se desaloje forzosamente a las mismas sin antes
tener un buen plan estructurado para su reubicación o indemnización. Porque aún
cuando estas casas no son legales, son hogares, son refugios, y el derecho a
una vivienda digna, así como el derecho a la movilidad humana, en el caso de
personas que migran desde el campo, y a la seguridad social, son consagrados
por nuestra Constitución. Y es que la seguridad social no simplemente consiste
en la atención médica gratuita y eficaz, sino a la planificación y realización
de políticas sociales que acrediten el ejercicio de los derechos humanos por
encima de cualquier otra situación legal. “El más alto deber del Estado consiste en respetar y hacer
respetar los derechos garantizados en la Constitución” (Artículo 11,
numeral 9 de la Constitución Política del Ecuador). Por mucho que quiera
hacerse un bien a estas familias, se las está dejando en la indefensión.
Nos encontramos ante la cuestión
de si los actos cometidos son legales o son justos. Sí, son legales desde un
punto de vista estrictamente jurídico. El gobierno está en todo su derecho a
desalojar estos terrenos, sea como sea, porque son invasiones. No hay títulos
de propiedad, no hay pago de impuestos, no hay servicios básicos, no hay
seguridad. Pero, ¿es justo llegar a una casa de una anciana o de una familia
con cinco hijos pequeños, con militares, con armas y destrozar lo poco que han
podido construir en el tiempo que llevan viviendo ahí? No, no es justo
desintegrar, en menos de una hora, la vivienda, el hogar de cualquier familia.
Son algunos los derechos que están violando por restituir estos derechos a su
dueño original, o sea cual sea el fin de los mismos.
La Organización de las Naciones
Unidas, ha sido clara muchas veces en cuanto a este mismo tema. La Oficina del
Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Derechos Humanos, expide una
resolución en el 2004 expresando su desacuerdo con los desalojos forzosos. En
la misma indica que “Reafirmando que cada
mujer, hombre y niño tienen derecho a un lugar seguro para vivir en paz y con
dignidad, derecho que incluye el de no ser desalojados en forma ilegal,
arbitraria o discriminatoria de su vivienda, tierra o comunidad (…) Tomando
conocimiento con interés de la jurisprudencia reciente del Tribunal Europeo de
Derechos Humanos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Comisión
Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos con respecto a la prohibición de
los desalojos forzosos(…) 1. Reafirma que
la práctica del desalojo forzoso que es contraria a las leyes que se conforman
a las normas internacionales de derechos humanos constituye una violación grave
de un amplio conjunto de derechos humanos, en particular el derecho a una
vivienda adecuada; 2. Insta firmemente a los gobiernos a que tomen medidas INMEDIATAS, a todos
los niveles, para eliminar la práctica de los desalojos forzosos mediante,
entre otras cosas, la revocación de los planes existentes que entrañen
desalojos forzosos y de toda legislación que los permita, y la aprobación y
aplicación de legislación que garantice el derecho de seguridad de la tenencia
de la vivienda a todos los residentes; 3. Insta firmemente también a
los gobiernos a que protejan a todas
las personas que estén amenazadas de desalojo forzoso y a que adopten todas las
medidas necesarias para proporcionarles una protección plena contra el desalojo
forzoso, sobre la base de la participación de las personas o los
grupos afectados y de consultas y negociaciones efectivas con ellos”
Podemos ver que la ONU, siendo un
alto organismo en defensa de los derechos humanos, está en contra de la
utilización de desalojos forzosos en cualquier tipo de contexto. Y así mismo,
en el Art. 4 de la resolución antes mencionada indica “4. Recomienda a todos los gobiernos que procedan de inmediato a la restitución de los
terrenos o viviendas, la indemnización por ellos o su sustitución por otros
adecuados y suficientes a las personas y comunidades que hayan sido desalojadas
por la fuerza, tan pronto se celebren negociaciones mutuamente
satisfactorias con las personas o los grupos afectados, de conformidad con sus
deseos, derechos y necesidades, y se reconozca la obligación de garantizar
dicha prestación en caso de desalojo forzoso”.
En el contexto que nos ocupa, no
podemos decir que estas acciones fueron pasivas, aún cuando hayan sido
notificadas con tiempo, dado a que se utilizó a miles de militares armados para
conseguir los desalojos, la destrucción de las viviendas, el desplazamiento a
la fuerza de las familias. Cuando te sacan de un lugar del cual no quieres
salir, por cualquier motivo que exista, es un desalojo a la fuerza. Peor aún si
nos encontramos con grupos de atención prioritaria o grupos vulnerables, como
los llama la Constitución, esto es niños, mujeres y ancianos. Cuatrocientas
familias hasta ahora, faltando todavía más de la mitad por desalojar.
Lo más preocupante es una
sociedad anestesiada que avala estas acciones sin darse cuenta que las
personas, las familias, los niños, ancianos, etc., están siendo violentados de
una manera que debería ser reprochada. Deberíamos sentirnos indignados por los
atropellos cometidos, como si se estuvieran cometiendo con nosotros mismos. Más
allá de las condiciones legales, de la inseguridad que hay en estos barrios, o
de la falta de educación que se presenta en los mismos, la vida de estas
personas se está poniendo en peligro. Se les está quitando el refugio, la
vivienda. Se hace caso omiso a los tratados internacionales y de derechos
humanos, y se los extirpa de su ambiente, simplemente para dejarlos a la intemperie
de una sociedad que los ha olvidado.
“Sólo le pido a Dios que el dolor
no me sea indiferente. Que la reseca muerte no me encuentre vacía y sola sin
haber hecho lo suficiente…”
Mercedes Sosa
A principios de este año comencé,
con el equipo de detección y asignación de Techo, la búsqueda de comunidades dentro
de Guayaquil para implementar nuestro proyecto. Me parecía raro que no hayamos
podido, hasta ese entonces tener un asentamiento cerca de nuestro casco urbano.
Por suerte la encontré y esta comunidad se ha quedado tan cerca de mí
físicamente, como dentro de mi corazón.
San Enrique, la primera comunidad
en que intervenimos dentro del Guayaquil, está justo atrás de la vía a
Samborondón. ¡Así es! Justo detrás de las lujosas mansiones y urbanizaciones
privadas de la zona con mayor plusvalía en Guayaquil. Y si bien es cierto se
encuentra ya en un lugar dónde no encontramos casas TAAAAN lujosas, a muchos
nos indigna el hecho de que ellos vivan sin servicios básicos, en casas de caña
a punto de caerse, mientras la gente, separada sólo por una pared de máximo un
metro y medio de alto, duerme en la noche sin saber que esta realidad existe, o
hace como que no existe.
No creo justificable que, aunque
somos un país del tercer mundo, debamos aceptar o ser insensibles ante estos
casos. Mientras los municipios se enriquecen con el impuesto a los predios de
estas urbanizaciones, no se inmutan al saber de esta otra mitad que vive atrás.
Me enfurece sobremanera saber que mis familias tienen que esperar que aparezca
el tanquero, con suerte, cada quince días. Me pudre saber que los niños deben
estudiar en una escuela que está al lado de un establo donde hay vacas y
cerdos; deben oler todo el día la podredumbre del excremento de los animales,
ensuciarse los zapatos en los mismos, para poder llegar al centro de estudio.
Yo vivo a 2kms de San Enrique y
me recrimino por no poder hacer más por ellos. No entiendo cómo puede haber
TANTA gente viviendo frente a esta realidad y no preocuparse por hacer NADA.
Viven anestesiados inmersos en sus propios mundos. No terminamos de entender
que hasta que TODOS avancemos juntos, este país no avanzará. Así de simple.
No es cuestión de creencias
religiosas o morales. Es cuestión de sentido común. O somos una masa, viviendo
todos bien, o somos un país lleno de riquezas que no se puede mover a ningún
lado por las inmensas diferencias sociales y el rencor entre clases. La injusticia
reina en este lugar y hasta que no nos convirtamos en creyentes de esto,
seguiremos en la misma mierda. Lo siento si lo digo de manera tan cruda, pero
es que a eso exactamente hemos llegado.
El país no se mueve porque se les
regala un bono a los pobres, el país se mueve cuando nos demos cuenta de que
todos somos iguales y TODOS merecemos vivir en las mismas condiciones. ¿Por qué
el que vive en villa club tiene derecho a tener alcantarillado o red de agua
potable y el que vive atrás en San Enrique no puede? Pueden pagar los servicios
porque son gente trabajadora. Pero me imagino que a la empresa privada no le
conviene la inversión porque no les van a ayudar a enriquecerse. Y el municipio
es tan inútil que obviamente no posee, o dice no poseer los recursos necesarios
para hacer obras públicas.
No me extrañaría que en un par de
años estas ciudadelas quieran ampliarse y quieran sacar a las familias de San
Enrique. Pero ahí estaré yo. Para guiarlos, para que no los engañen con tratos
que a ellos les puedan parecer beneficiosos, pero que, a la larga, los siga
manteniendo en la pobreza. Yo estaré ahí así tenga que ponerme en frente de una
retroexcavadora para evitar que les dañen su pequeña comunidad, su hogar.
Y es por eso que este 20 de
Octubre estaré en Quito. Protestando por esta realidad. Gritando desde lo más
dentro de mis entrañas, el dolor y el enojo que siento cuando veo la injusticia
en que viven TRES MILLONES de ecuatorianos. ¿Por qué están olvidados? No puedo
permitir que las historias de estas personas sigan enterradas en la parte de
atrás de la carretera. NO LO VOY A PERMITIR. No dejaré que mis hijos crezcan en
una burbuja sin conocer lo afortunados que son. Que crezcan sintiéndose
responsables de agradecer con acciones las oportunidades que han recibido.
Quiero que todo el mundo sepa que DEBEMOS despertar del letargo que nos crea la
rutina de ver el lado bueno de la ciudad y empecemos a preocuparnos por los que
están detrás. Por lo que no se ve.
Porque el progreso es
responsabilidad de TODOS. No sólo de unos cuantos, no sólo del gobierno. Si no
cambiamos nuestra mentalidad NO AVANZAREMOS…
Si tienes estas mismas ansias de
denunciar la situación tan injusta en que viven tantos ecuatorianos te invito a
sumarte a este #movimientoTECHO. Estaremos en Quito el 20 de Octubre
protestando y alzando nuestras voces contra la desigualdad.
“Te quiero como quieres, me quieres como puedes, no quiero
seguir queriendo así…”
Algunos reconocerán la letra de
esa canción. No me juzguen, cuando uno está en estado de depresión las letras
de Arjona son las que más te invitan a cortarte las venas, junto con algunos
otros autores. En algún
momento leí que cuando estás triste tu cerebro te indica que escuches música
depresiva, pues busca un poco de empatía a lo que estás sintiendo.
Mucho de lo que escribo se ve
inspirado por mis experiencias. Muchas buenas, muchas malas y están éstas que
son las peores. Las que te obligan a tomar decisiones que, no siempre, son las
más placenteras.
Pero bueno, Arjona solo ha
inspirado el título de este post. Creo que la canción que mejor refleja lo que
estoy pasando es “Eso” de Alejandro Sanz.
Sí, este post trata de cuando, aunque
estás feliz con alguien, no es lo que quisieras que fuera. Tal vez el ser
humano o las mujeres, no se, tenemos más claro cómo son las cosas. O tenemos
esa manía de querer cambiar todo. No sé cómo llamarlo. El asunto es que, estoy
segura de que muchas y muchos, habrán tenido este mismo problema en algún
momento de su vida.
“Primero, que tú has sido para mi
lo más grande en este mundo. Yo que fui lo que tú digas… Dos, que alguna vez
quisimos compartir el breve instante que es la vida. Y tres, que hoy yo vivo en
la ruina de un silencio que va dejándome sin voz…” En la vida existen etapas.
Etapas para divertirse y no tomar nada serio. Etapas dónde ya buscas una estabilidad
visible en tu vida. Etapas dónde sólo quieres descansar, etc. Es muy difícil
encontrar a alguien que esté realmente en la misma etapa en que tú te
encuentres. Yo, por ejemplo, me encuentro en la etapa en que me he cansado de
andar pajareando y estoy buscando un sentido de estabilidad en mi vida. Es raro
en alguien de mi edad haber llegado tan pronto a esa etapa. Ya me cansé de
farrear, de beber hasta no saber ni cómo me llamo. Simplemente, la vida, se ha
encargado de hacerme madurar más rápido. Tal vez será que, como madre, no me
puedo dar el lujo de preocuparme por cosas un poco más vanales. Necesito una
relación adulta. Así como lo leen, adulta. Sé que soy inmadura todavía en
muchas cosas y es por esto que necesito alguien que me ayude con mis falencias.
Que esté ahí para levantarme si me caigo. Que me ponga el hombro para llorar y
que me ayude a subir el ánimo luego. No muchos están dispuestos a eso.
Y es así como cada uno de
nosotros tiene situaciones diferentes que hacen de nuestras vidas algo un poco
complicado. Con tanta porquería nueva que hay en nuestra sociedad, ya hay muy
pocas personas que pueden tener la dicha de no haber cometido ningún error
sustancial, que lo haya puesto en una situación diferente a la de los demás.
Quiero decir que pocos pueden decir que no han metido la pata en ningún aspecto
de su vida. Y los que la han metido, obviamente estarán inseguros de los pasos
a seguir para rectificar los errores cometidos. En cuanto a relaciones, cuando
estás en una etapa de “joda” no te importa nada. Simplemente te lanzas y ves
que sale. Cuando estás en una etapa como la mía, ya eres más cuidadoso. No te
abres realmente a nadie a menos que sea excepcional.
Pero ¿qué pasa cuando te
equivocas? No sé si idealizamos a las personas o tal vez queremos que sean de
otra manera. Ése es el problema. Ahí comenzamos a querer cambiarlos. Y ¿qué
pasa cuando son “perfectos” sólo que no están en la misma etapa? De eso
exactamente este post. De cuando estás locamente enamorado/a de una persona a
la que le darías todo, porque se lo merece, pero que en ese momento no quiere
las mismas cosas que tú o que no entiende todavía las mismas cosas que tú. De
esas decisiones difíciles hablo. ¿Qué hacer? Si estás con una persona que no
quiere lo mismo que tú. Que sabes que alejarte te hará daño, pero estar ahí
también te hace daño. QUE NO TE QUIERE COMO QUIERES, SINO QUE TE QUIERE COMO
PUEDE.
Es difícil querer así, hasta con
el último átomo de tu cuerpo. Querer de manera que te duele la ausencia. De ese
dolor físico que te produce ansiedad. Es difícil. Y es más difícil aceptar que,
aunque amas a esa persona, no te hace bien estar con ella/el.
“Verdad que soy difícil pero he
sido para ti lo único profundo…” En este desfase de etapas, ¿cómo lidiar con
cosas para las que no estamos preparados? No hay cómo. Si no estás preparado no
hay cómo. Es imposible obligar a alguien a que, de un momento a otro, entre a
una etapa diferente a la que se encuentra. La etapa de joda tiene muchos pros,
te diviertes mucho, tal vez sean los días que más recuerdes en tu vejez. Las
locuras que haces, los momentos inolvidables. Pero en cambio la etapa de
estabilidad tal vez te de más riqueza emocional. Te dará momentos que serán,
tal vez, lo que quieras para toda tu vida. Una relación en la etapa de joda,
será tal vez la más bonita que recuerdes hasta viejo. Pero una relación en la
otra etapa, será la que conserves para toda tu vida.
Una persona en etapa de joda
busca a otra para pasar un buen rato, puede ser en una relación, vacile, etc.
Pero busca alguien con quien salir, una compañía, un compinche, un acolitador.
En etapa de estabilidad, buscas a alguien con quien compartir tu vida, con
quien pensar en un futuro. Buscas para no buscar más.
Cualquiera de las dos etapas son
naturales en el ser humano. Y se deben disfrutar cada una de ellas. No creo que
ninguna de las dos esté mal. Simplemente te llegan. El hombre va madurando y va
llegando a la etapa que le corresponda. No hay manera de saltárselas o
apresurarlas. Ahí viene el problema. Pasa muchísimo porque las mujeres maduran
más rápido que los hombres. Pasa que una chica está en una etapa y el otro
todavía está en la anterior. O al revés, te encuentras un tipo que se quiere
casar, pero tú estás pensando en otras cosas. Ahora realmente entiendo una relación
que tuve hace poco. Él, obviamente mayor a mi, quería casarse máximo en 2 o 3
años y estaba buscando alguien que le siga el ritmo. Obvio lo mejor que se pudo
hacer fue terminar, porque no podíamos obligarnos el uno al otro a hacer cosas
para las que no estábamos preparados.
“Y yo guardándome el secreto…”
Cuando encuentras a alguien que es perfecto para ti pero que no está en tu
etapa, ¿sigues con él/ella aunque te hace daño que no quiera lo mismo que tú o
prefieres esperar solo? Es un
win win situation… Ok un lose lose situation. Algunos prefieren sufrir
en silencio. Y está mal. Guardar tanto malestar está mal. Yo prefiero sufrir
sola un tiempo, que recriminar durante años a un hombre porque no me da lo que
yo quiero.
Les explico de manera más puntual
el asunto. Yo, por las vueltas que da la vida, he aprendido a pensar siempre en
función de otra persona. Esto no quiere decir que dejo de lado lo que quiero,
para nada. Quiere decir que tomo cada decisión en consideración de la persona
con la que estoy. Soy egoísta muchas veces porque me he ganado el derecho de
serlo, pero en las cosas mutuas, que podrían afectar de una u otra manera a mi
pareja, prefiero pensar antes en él para decidir. Es lo normal en la etapa en
que me encuentro. Eso lo aprendes cuando ya tienes un compromiso serio. Ese
compromiso casi instantáneamente se adquiere con el matrimonio, vivir juntos,
etc. Como yo ya estuve casada, ya tengo inherente a mi esa aptitud de pensar en
función de dos, en vez de sólo mía. Yo entiendo que una persona normal, de mi
edad, que no haya pasado por lo que yo he pasado, no tiene por qué tener esa
aptitud. Porque el instinto de quedarse con una sola persona para el resto de
tu vida llega más tardecito, y mucho más en los hombres. Por eso mi padre
siempre me dijo que saliera con viejos, que puedan cuidarme y enseñarme. Como
siempre, las cosas nunca son como quieres que sean…
“Lo que no entiendo es que ahora
vengas otra vez a prometerme una vida entera pero a tu manera…” Aquí viene el
momento en que se contradicen muchos sentimientos. Queremos seguir juntos pero
sabemos que no funciona, que siempre existirá el conflicto de querer algo más.
Como dije, no hay como obligar a alguien a que se salte una etapa, pero también
es muy difícil sufrir por no tener lo que quieres. Sufrir porque no te quieren
como quieres. Muchos pensarán que el amor es paciente, el amor hace todo. Sí,
pueden tener razón. Una persona enamorada hace de todo por hacer feliz a la
otra, pero muchas veces no puede. Simplemente no puede porque no entiende lo
que quiere la otra. No está en él/ella. No le nace. Y esto no es algo malo.
Como dije anteriormente, en cada etapa aprendes cosas nuevas. Es imposible que
a una persona en etapa de joda le nazca la necesidad de pasar cada instante de
su vida con una sola persona, se estaría perdiendo de mucho. No es que son
malos, sino que no están preparados para esta otra etapa. No son insensibles,
simplemente su cerebro no está programado para eso. Digamos que no les ha
llegado la actualización de sentimientos. No es su culpa y tampoco podemos
forzar la actualización porque se puede dañar el sistema. Creo que es la mejor
metáfora que pude proponer.
Pero no por querer seguir juntos
y evitarnos el dolor de separarnos, seguiremos prometiendo y tratando de
cambiar a la otra persona. Eso ocasiona más daño al final. No vas a poder abrir
nunca un archivo de Word nuevo en una pc vieja que no tenga modo de
compatibilidad. Tratar de forzar esa relación puede resultar en daño del
software. Así de simple. A veces es mejor aceptar no estar juntos en vez de
hacernos daño por buscar algo que no podemos tener.
Al final será lo que Dios, Jebus, Alá, Buddah, quiera. Si esa persona está destinada a estar contigo, la iluminación le llegará pronto. Sino te llegará a ti para tener paciencia. O sino conocerás a alguien que esté en tu etapa, que te quiera como quieras...
“Ya no te busco entre las nubes,
ni me enfrento a tempestades, ya no me importa si me quisiste, porque en mis
sueños yo te tuve… Además hay gente que no consigues olvidar jamás, no importa
el tiempo que eso dure.”
Esta vez realmente no sé cómo comenzar. Tengo tantas ideas regadas en mi
cabeza acerca del TECHO. Tantos sentimientos que me inundan, que la verdad no
sé cómo describir. Creo que el ejemplo más cercano que puedo darles de lo que
es esta experiencia es que es casi lo mismo que estar enamorado secretamente de
alguien. Sentir ganas de gritar y que tus palabras no se escuchen. Sentir el
corazón que se te quiere salir, sin poder demostrarlo.
El TECHO ha venido a formar parte primordial de mi vida. Es la realización
material de todos mis sueños y todo el potencial que he tenido siempre en mí
dormido.
Desde que tengo memoria he querido hacer con mi vida algo más allá de lo
normal. Algo que cambie la vida de miles de personas. Por experiencia de mi
padre y la mía propia, he sabido siempre lo que es no tener las mismas
oportunidades que otros. Sea para bien o para mal, me ha ayudado a crear un
instinto que no sé describir. Algo que combina rabia, insatisfacción y ganas
infinitas de demostrarle al mundo que hay un futuro mejor. Escogí estudiar
derecho no para ejercer como abogada, sino para tener bases para hacer una
diferencia en el gobierno. Porque las leyes son lo que nos controla a todos y
sus reformas son las que nos permitirán avanzar o no.
Así como es estar enamorado y no poder gritar al mundo tus sentimientos, es
tratar de concientizar a una sociedad completamente desensibilizada. Vivimos en
un mundo dónde la pobreza se ha convertido en parte del paisaje, dónde creemos
que los pobres son pobres porque quieren serlo. Mientras vivimos rodeados de
lujos, porque para 400.000 ecuatorianos el agua potable, la luz eléctrica, el
alcantarillado, la educación secundaria, son lujos; no nos damos cuenta lo que
está más allá de nuestras narices.
Y es esta esperanza conjugada con rabia que me hace seguir trabajando.
Rabia por nacer del otro lado y no poder hacer más por ellos. Rabia de saber
que hay muchos que duermes plácidamente en la noche, seguros, cómodos, mientras
otros no tienen la misma oportunidad. Esperanza de, así como 1555 familias en
Ecuador hoy tienen un lugar digno donde vivir, muchas más podrán tenerla
también si seguimos trabajando juntos.
En este año trabajando en el TECHO he conocido a mucha gente. Gente que
entiende el proyecto, gente que no le importa un carajo y va por novelería,
gente que regresa, gente que nunca más aparece. Pero tengo la satisfacción de
que aunque sea uno regresó, se interesó y quedó encantado con este proyecto.
Y seguiré trabajando, aunque mis padres no entiendan cómo trabajar sin
descansar sin sueldo me hace feliz. Seguiré porque espero que en 10 años mis
hijos puedan seguir con mi trabajo. Porque, muy aparte del amor que desarrollas
hacia las familias, todo esto lo hago por mis hijos. Porque quiero que
entiendan que no porque no vean gente pobre, significa que no existen. No
porque ellos tienen lo mejor, significa que todos lo tienen. Porque quiero que
valoren todo lo bueno de la vida, conociendo lo mala e injusta que puede ser a
veces. Y quiero que no tomen a la ligera los problemas que tal vez están lejos
de ellos. Quiero heredarles un mundo que, si bien es cierto no es perfecto,
pero cuando yo lo tomé en mis manos era peor.
No sólo quiero que se enorgullezcan de mí. Quiero que ellos hagan lo mismo.
Quiero que ellos puedan estar el día en que en el Ecuador ya no exista la
extrema pobreza…
Puede que muchos lean esto y viren los ojos o simplemente no le presten atención. Estoy consciente de que no puedo pedirles que sientan lo mismo. Pero sí puedo pedirles que lo prueben. Así como antes no te gustaba el sushi y ahora vas cada fin de semana. Así como todos le hacen mala cara al brócoli, pero un día se los sirvieron de una manera en que no podían parar de comer. Así... No se pierdan de probar nuevas cosas sólo por miedo a que no les guste. Pruebenlas y luego decidan si les gusta o no. En el proceso pueden hacer felices a muchas personas.
Yo te puedo decir qué es el TECHO en cifras. Puedo hablarte de en cuántos países estamos. Puedo contarte la misión, visión, objetivos y todo lo que pretendemos hacer, nuestras maneras de intervenir. Y al final, tal vez la mejor explicación la hallarás viviendo la experiencia. La experiencia de entregar una casa, de jugar con niños, de hablar con alguien que, tal vez piensas que no puede enseñarte nada, pero termina enseñándote de todo. De por un fin de semana o un día solamente, dejes tu vida cómoda para sentir en carne propia como viven miles de familias.
Si puedo invitarlos a ser jefe de punto para la Colecta anual del TECHO este 29 y 30 de Junio. Sólo en un día sacrificado, pueden ayudar a miles de familias que viven con menos de 1.20$ al día.
Hace un tiempo quise escribir a
cerca del terror de las ex’s, pero debo confesar que me ahuevé en ese momento.
Ahora tengo la oportunidad de hablar de esto que, más de una vez, nos ha
molestado a muchos. Estos bichitos que pican y pican hasta que uno tiene la
necesidad de matar. Sí, hablo de los ex’s, de las perrillas, los buitres, etc.
Este post les dará un inside a la mente femenina para que entiendan finalmente
una cosa, hombres y mujeres no piensan igual. Así que antes de tomar una
decisión, cualquiera que sea, consulten!
Quiero comenzar con una
interrogante: ¿qué mierda tienen en la cabeza estas personas que se acercan a
alguien que ya tiene pareja? Y bueno, hay casos y casos. Tal vez entiendo este
tipo de comportamiento cuando la persona a la que se acercan tiene una relación
que no sirve para nada. Por último ahí la culpa no es de la persona que se
acerca, sino de la que se deja acercarse (tema que tocaré más adelante).
En primera instancia quiero
hablar de estas personitas que tratan de hacernos la vida imposible, sea como
sea. De las/los ex’s. Debemos comenzar señalando el hecho de por qué son ex’s.
No terminan de entender que si ya no están en la vida de alguien es por algo. Y
con esto, tenemos varias clases de ex’s. Pero creo que las locas, desubicadas
son las peores. Y tengo la triste mala suerte de que, siempre que estoy bien en
una relación, aparece una maldita ex a joder la existencia. Y el problema no es
tanto la ex desubicada y loca que se aparece a molestar, sino como reaccionan
nuestras parejas.
Muchos hombres creen que
ocultándolo, el problema se va a ir. Piensan que así nos cuidan, que nos protegen.
Primero que nada, ya deberíamos aprender que en esta vida nada se puede ocultar
para siempre. Todo se termina sabiendo. Peor cuando se trata de mujeres. ¿A qué
me refiero con esto? Que los hombres deberían grabarse en la cabeza, que
nosotras tenemos un sexto sentido. Sabemos que pasa algo, porque nos huele mal
a kilómetros. Segundo, por lo menos yo, no necesito que me cuiden de perritillas
desubicadas. Sí, quiero que me cuiden de otras cosas, me quiero sentir
protegida, pero no de esto. No necesito protección para zorras, las puedo
manejar muy bien. Una buena puteada nunca le ha hecho mal a nadie. Y, seamos
honestos, los hombres nunca saben cómo manejar estos asuntos, por más que digan
que sí pueden. Por último el hecho de que nos oculten el asunto es lo que más
nos molesta, no tanto el que esté la desubicada jodiendo.
Ahora para ser justos, vamos a
ponernos en los zapatos de las perritillas. Ok, digamos que no se pueden
olvidar de este hombre tan hermoso que tuvieron a su lado. Pero POR FAVOR
entiendan que ya tuvieron su oportunidad. GET OVER IT!!! Tengan algo de amor
propio o para siempre van a ser las ex’s locas a ojos de todo el mundo. Sea
cual sea la situación ustedes nunca serán las víctimas, porque ustedes son las
que están interfiriendo. No sean mal llevadas.
El segundo problema que nos va a
molestar siempre, lo enfocaremos un poco de lado psicológico social. Los celos.
Un hombre puede ser el más fiel que existe, eso no lo niego, sí hay hombres
así. Eso no quita la posibilidad de sentir celos. ¿Qué son los celos? Pues nada
más y nada menos que el miedo a perder a la pareja. Desde cierto punto de
vista, los celos no son malos. Indican de algún modo que nos preocupamos por la
otra persona. Debe ser preocupante cuando dejamos de sentir miedo a perder a la
otra persona. Pero, así mismo, los celos pueden ser muy peligrosos cuando los
convertimos en una obsesión. Volviendo al enfoque psicológico social, en Latinoamérica
es muy común crecer con padres machistas, en entornos familiares- sociales sobreprotectores
y discriminadores de las mujeres. La mujer siente celos por una inseguridad
innata de nuestras personalidades. Aunque la mujer latinoamericana se
caracteriza por ser fuerte, batalladora, siempre va a haber un indicio de
inseguridad originado por la cultura machista en la que nos desarrollamos. El
hombre en cambio es celoso, en su mayoría, por esa imagen de macho alfa que
deben aparentar para hacer creer que su mujer/esposa/novia es de su propiedad.
Ninguno de los dos está bien, no lo niego, pero lo comprendo por infinitas
situaciones que me ha tocado vivir en carne propia y a través de terceros. Como
dije anteriormente, los celos no son malos, lo malo es cuando se convierte en una
obsesión. Como pasa con muchos novios “celópatas” que terminan matando; novias
que hacen escenas en lugares públicos; y obviamente las perritillas que no
aceptan que ya tuvieron su turno y no dejan vivir a nadie más.
Lo que me lleva a hablar del
tercer problema que es tan común en las relaciones de pareja: la gente mal
llevada. Aquí encajan las perritillas también y es el error más común que
pueden cometer los hombres al tratar de lidiar con ellas. Aquí por qué digo que
los hombres nunca pueden manejar estos asuntos. Las mujeres reaccionan distinto
a los hombres. A un hombre le dices: si sigues jodiendo voy a publicar en todas
las redes sociales que tienes el huevo chiquito; y dejan de joder por lo
general. A una mujer, primero no le puedes decir eso, y segundo si se lo
dijeras, poco le afectaría. A una mujer mientras más la insultes, más seguirá
ahí. Y aquí hay algo que ustedes no saben. La perritilla que regresa a joder,
no quiere hacerle daño al hombre, a su ex, quiere hacerle daño a la persona que
está ahora en su lugar. Así que, queridos hombres, entenderán que el pito no es
con ustedes. A una perritilla no le importará lo que ustedes piensen de ella,
no se sentirán amenazadas por ustedes. Una mujer sólo se siente amenazada por
otra mujer, nunca por un hombre, así que no crean que saben cómo manejar la
situación, porque no es así. En otro capítulo les contaré qué hacer para alejar
a la perritilla, ahora no porque creo que lo voy a tener que usar próximamente.
El otro tipo de gente mal llevada
y de los que hablaba al principio. La gente que está en una relación que no les
sirve para nada y que dan apertura a otras personas para llenar un vacío. Ok,
no se ni cómo comenzar a decir tanto que tengo que decir sobre este tema. Sé
que es muy difícil, MUY DIFÍCIL terminar con una relación que ha durado mucho
tiempo pero, si no está funcionando, ¿por qué martirizarse mutuamente? Será que
soy muy práctica, pero en serio prefiero vivir sin ti que vivir peleando o
vivir infeliz contigo. También entiendo lo difícil que es volver a confiar en
alguien después de una ruptura, pero no por eso tenemos derecho a convertirnos
nosotros en las perritillas. Hablando de este tema sólo en las mujeres, porque en
los hombres es muy diferente. Lastimosamente, la mayoría de hombres, gracias al
entorno machista en que vivimos y sus cualidades fisiológicas innatas, son unos
perros. Ya no lo pueden evitar, es su manera de ser, básica y visceral. No se
sientan ofendidos, no tienen la culpa. Lo explicaré con un solo ejemplo: si una
mujer recibe un mensaje de un número desconocido que dice “hola mami” lo
primero que hace es, o no contestar, o contestar “quién chucha es?”. Sin
embrago, un hombre que recibe uno de estos mensajes dirá “hola chiquita, como
estas?” etc. Seamos honestos, sabemos que es así. Pero bueno, este post no es
para hablar mal de los hombres, sino para que ellos entiendan lo que se nos
viene a la cabeza con sus actos.
Así que grábense esto chicos:
·Una mujer nunca pensará lo mismo que piensan
ustedes.
·Lo que más le puede molestar a una mujer,
después de que no sean detallistas, es que oculten cosas.
·Cuando hay perritillas cerca, EL PITO NO ES CON
USTEDES.
·Sólo una mujer saber cómo alejar a otra mujer.
·Si una mujer no termina con el novio por otra
persona mejor que él, aléjense!
Más que eso no los puedo ayudar.
Pero seguiré tratando de descifrarles el mundo femenino a mi punto de vista… Si
en algo no tengo razón, chicas, corríjanme…