domingo, 16 de febrero de 2020

LA GUÍA DE TINDER PARA EL HOMBRE “FEO”


A propósito de que recién salimos de la celebración del día del AMORTZ y la amistad, y dándonos cuenta que muchos estamos solteros, he querido darles una pequeña ayuda a mis amigos usuarios de Tinder sin matches. Vimos mucha amargura este 14 de febrero y, es normal, sobre todo porque, en esta época, encontrar a alguien que te quiera, se ha convertido en una tarea monumental.

Comencemos primero dejando un asunto claro. ¿Para qué se usa Tinder? Todos o, bueno, muchos, tienen la idea errónea de que Tinder se usa única y exclusivamente para conseguir sexo casual. Y no podrían estar más equivocados. De hecho Tinder fue creado para conseguir pareja. Ya sea sexual o romántica. Sí hay personas que la usan exclusivamente para tener sexo. Pero hay otras que, también la usan para conocer gente y buscar algo más serio. Incluso hay casos de parejas que se conocieron por Tinder y fueron felices para siempre. Conozco varios casos, 100% real, no fake.

Por esta razón es super importante que, antes de descargar la app, tengan claro qué quieren sacar de ahí, para que aprendan a comunicarlo asertivamente. No puedes llegar y, de una, decir “vamos a tirar”, porque les van a cancelar el match más rápido que Speedy Gonzáles. Pero hablaré de eso luego.

Definitivamente los perfiles de hombres guapos son los más apetecibles a la hora de dar like pero, si Dios no te favoreció con esa belleza obvia que tienen algunos, aquí les voy a dar unos tips para hacer sus perfiles más atractivos para las féminas. Quiero aclarar que estas cosas son las que YO veo en un perfil para darle like. Y algunos comentarios de otras chicas, que pude recopilar en Twitter.

Primero que nada, si creen que estás en el lado de los feos o no son nada fotogénicos, redacten una descripción suya interesante. Un par de cosas que te gusten, tal vez alguna cita chévere de algún libro o película, y una frase chistosa. Créanme, muchas mujeres leen las descripciones y piensan que van a pasar un buen rato con un hombre inteligente o divertido. Obvian que están medio desengañaditos y se dan la oportunidad de conocerlos.

Ahora las fotos. Escojan fotos normales, nada elaborado. Definitivamente NO fotos donde salgan hechos los sexys o donde se vea más piel de la que vemos normalmente en la calle. A mí, personalmente, me dan asco los hombres que salen en fotos con poses sugestivas. Si no tienen un abdomen marcado, no suban fotos sin camiseta. No es necesario mostrar la panza.

No suban fotos con mujeres, ni modelos de artefacta, ni amigas, y si tiene esposa/novia, no tenga Tinder! No sea sinvergüenza! La única mujer con quien pueden subir foto es con su mamá o abuela. Aunque algunas mujeres ven esto como que tienen dependencia o “mamitis”. Your call. Tampoco suban fotos con niños, lpm, no sean pendejos! Perdón, me alteré…

Y, aunque no lo crean, las poses de “hombre pensativo”, “hombre serio”, a la mayoría nos parecen horribles. Saquen la sonrisa, queremos verla. Muchas nos dejamos enamorar por una linda sonrisa.
No suban fotos de frases motivacionales o memes. Eso es un NEXT inmediato.

Ahora, si POR FIN hacen match, porque alguna chica los encontró interesantes, les voy a dar sólo dos consejos para que puedan tener una conversación amena y no amenzante.

Primero, ESCRIBAN! Y no un simple “hola”. Deben salir del montón. Pueden enviar un chiste que requiera interacción de la otra persona. Tal vez un GIF chistoso que comience una conversación. Por ejemplo, una vez me mandaron un GIF de Joey diciendo “HOW YOU DOING”. Confieso que fue la mejor pick up line que me han aplicado. 10 puntos!

Segundo, tómense un par de días para tratar de conocer a la chica por chat, antes de pedirle que se conozcan en persona. Entiendan que, con todo lo que pasa a nuestro alrededor, estamos un poco reacias a aceptar un encuentro tan rápido. Sean pacientes. Y no nos inviten a sus casas a los 10 minutos de empezar a hablar.

Y como yapa, les voy a dar un ayudita más. No hablen de cosas trilladas. A las mujeres les gustan los hombres abiertos e interesantes, más que los hombres guapísimos. No hablen de farras o chupas. Hablen de películas que les gustan, de libros que les han marcado, de teorías conspirativas, canciones que les llegan al alma. No sean cerrados a querer parecer el típico macho sin sentimientos.

Cabe aclarar que, esta es una guía que podría servirle a un hombre “maduro” que busca mujeres “maduras”. No hablo de la edad BTW. Si quieren conseguirse una peladita, pues no puedo ayudarlos mucho.

Es todo por hoy, amigos masculinos. Espero que les sirva de algo 😉

domingo, 9 de febrero de 2020

¿HASTA DÓNDE?

Cuando comencé a escribir, hace diez años, más o menos, tenía una forma de pensar. Estaba muy joven y escribía sobre mis relaciones, desde mi punto de vista. Los que me siguen desde ese entonces, saben que, al pasar los años, he crecido mucho, como persona, como mujer. Lo que pensaba hace diez años, definitivamente, no es lo mismo que pienso ahora. Y mucho menos lo que siento.

Cuando somos jóvenes, queremos un amor de película. Personas que tengan detalles monumentales con nosotros. Que nos amen a pesar de los obstáculos. Que nos propongan pasar el resto de nuestras vidas juntos, bajo la lluvia. Así puedo enumerar muchas situaciones que buscamos, cuando pensamos en el amor perfecto.

A los treintas, luego de fracasos y decepciones, nos damos cuenta que, muchas veces, no es quien te lleva a bailar un sábado, con quien tienes sexo increíble, el que vale la pena, sino el que te escucha y te dice las cosas que no quieres escuchar.

Pero, ¡vamos! Para muchos en sus treintas, encontrar a alguien se hace una tarea monumental. Por el simple hecho de que no queremos cometer los mismos errores del pasado, nos hacemos una lista interminable de características que queremos en nuestra pareja. Lo cual está muy bien, hasta que nos damos cuenta que, no siempre podemos controlarlo todo. Y en estos temas del amortz, es más lo que NO podemos controlar, que lo que sí podemos. Aún así todos podemos decidir hasta dónde aguantamos y hasta dónde cedemos.

Creo que la mayoría de nosotros, pasados los treintas, tenemos una lista de cosas que NO ACEPTAREMOS nunca de una persona. Por mi lado, que sea machista, que no me tome en serio, que no tenga aspiraciones grandes (como las mías) y que sea violento. Pero ¿qué pasa cuando conoces a alguien, que te gusta, y que, podría encasillarse en alguna de las cosas que NO aceptarías nunca? ¿Hasta dónde debemos ser tolerantes y aceptar que NUNCA (podría ser) encontremos a una persona que se ajuste 100% al perfil que buscamos? Obviamente existen cosas que nunca de los nuncas podemos aceptar, porque, de hacerlo, nos encontraríamos en una relación tóxica. De esas que no dejamos simplemente para no quedarnos solos.

Entonces, he ahí mi interrogante, ¿hasta dónde aguantar? Sí, hay cosas que no podemos aceptar, porque simplemente no podemos, por ejemplo que coma con la boca abierta o que escupa al hablar, en mi caso.

Debemos entender también, que hay conductas que se pueden educar y otras que no. Por ejemplo, un machismo súper light, digamos simplemente que no entiende el movimiento feminista (no de esos que usa la palabra feminazi), podría educarse si la persona está abierta a aceptar otros puntos de vista. Depende de cada persona, si está dispuesta a ayudarle a la otra a crecer o, definitivamente, no está resuelta a seguir en una relación así. Y aquí comienza otro dilema, ¿podemos o debemos, descartar simplemente, a una persona que no cumple con nuestros requerimientos? ¿hemos llegado al punto en nuestras vidas en que consideramos a las personas como objetos descartables?

Indudablemente, depende de cada uno de nosotros, decidir hasta qué punto estamos dispuestos a aceptar o a entregarnos a lo que no podemos controlar. A veces, sí, nos pueden gustar personas que, no cumplen todos los criterios de nuestra lista. Sería hermoso que pudiéramos enamorarnos sin pensar en todas las decepciones que hemos tenido antes, y las que nos llevaron a hacer esa lista, en primer lugar. Pero what’s done is done y sólo nos queda seguir.

Igual, esta decisión, de seguir o no, o de hasta dónde aguantar, depende mucho, también de si la persona se muestra receptiva o abierta a nuevas ideas. Si la pareja muestra interés en corregir o modificar conductas (no cambiar enteramente su forma de ser), para que la otra persona no se sienta mal.

Creo que todos van a estar de acuerdo conmigo en que, cuando te casas o te vas a vivir con alguien, el tema de la convivencia armoniosa requiere de mucho sacrificio y de ceder, para que los dos estén felices. Compromiso. Acuerdos. Eso…

Si definitivamente no te gusta alguien, no hay razón para seguir ahí. Si piensas que esa persona no tiene nada bueno que aportarle a tu vida, pues ya nada… Pero si esa persona tiene cosas más buenas, que malas, pues es tu decisión si lo ayudas a crecer. Si quieres que crezcan juntos. Si estás dispuesto a “luchar” por él/ella. Porque esto, creo yo, sí es luchar por la relación. No aguantar infidelidades y golpes.


¿Hasta dónde debemos considerar una relación descartable? ¿Hasta dónde consideramos justo trabajar en una relación?

martes, 2 de julio de 2019

6 DETALLES NO ROMÁNTICOS QUE TERMINAN SIENDO MUY ROMÁNTICOS


Hace 8 años, cuando el blog estaba en boga, escribí esta entrada https://manuqb.blogspot.com/2011/03/guia-rapida-para-el-hombre-detallista.html “Guía rápida para el hombre detallista”. Aquí enumero algunos consejos por si acaso no te da el mate para hacer feliz a tu novia/esposa/vacile/lo que sea. Hoy la estuve leyendo de nuevo y, aunque solía ser muy grosera en ese entonces, la verdad es que las cosas no han cambiado mucho. Algunos de los detalles que les describí en ese post son súper útiles tengas la edad que tengas. Sigo pensando que los detalles bien pensados pueden mejorar realmente una relación. Por eso he decidido hacerle un follow up a este post y darles los seis actos no románticos que terminan siendo muy románticos, para que los apliquen con sus parejas. Como entenderán este post va dedicado, nuevamente, a los hombres.

Creo que en el mundo entero la gente piensa que lo más romántico que podemos hacer por nuestra pareja es: una cena a la luz de las velas o una carta de amor escrita a mano. Obviamente estos detalles son algo suuuuper romántico que a todos les encantan. Pero creo que, con el tiempo y la edad, valoras más otros detalles que consideras importantes. Cosas que, tal vez no parezcan demasiado románticas, pero terminan llenándonos de amor por nuestras parejas. Aquí van…

1.- Ve a ver esa horrible película que tu novia te dijo que quería ver.
Lindo que la invites al cine, pero es más lindo que te sientes con ella a ver esa película que tanto quiere ver que, tal vez, a ti no te cause tanta gracia. Hay veces en que sus novias les muestran esos trailers de películas de terror, de amor, comedias románticas, que uds “como machos” no quieren ver. Pues amárrense la hombría y compren entradas para verlas. Ellas sabrán que uds no quieren ver eso y por eso significará mucho más el detalle, en vez de tener que persuadirlos para que las acompañen. Tomen la iniciativa y muéstrenles que están dispuestos a compartir esas cosas también con ellas.

2.- Llévale su almuerzo favorito
Escucha atentamente cuál es su restaurante favorito y qué es lo que más le gusta del menú, y sorpréndela llevándoselo al trabajo. Así ella no tendrá que salir de ahí y podrá disfrutar de un almuerzo diferente y con algo que a ella le encanta. Así mismo, si el restaurante queda lejos de su oficina, ella valorará el detalle de que te hayas tomado el trabajo de llevarle su comida favorita para almorzar.

3.- Regálale una cita en la peluquería
Las mujeres amamos la peluquería y muchas veces no podemos ir por falta de plata o falta de tiempo. Dale ese gusto a tu novia, no es necesario que gastes tanto, puedes regalar un pedicure que te puede costar desde 5$. Cualquier tratamiento está bien, botox capilar, uñas acrílicas, pedicure, depilación de cejas. Escucha a tu novia cuando te hable de esto, porque siempre hablamos de esto, y regálale eso que le gusta hacerse en la peluquería. Si se dan cuenta esto no es algo para hacer en pareja, esto es algo que tu novia disfrutará sola y está bien. No todo lo romántico debemos hacerlo juntos. En este caso ella disfrutará de un momento relax gracias a ti. Que lindo…

4.- Invita a su mamá a almorzar/cenar/tomar un café
Obviamente esto sólo aplica cuando ya llevas algún tiempo de relación y ya tienes relación también con su familia puej. Pero CREANME, es un lindo detalle. Más que nada porque cuando ya tenemos una relación de algún tiempo queremos sentirnos a gusto con el fact de que en algún futuro cercano o lejano, tendremos que convivir con toda la familia de nuestr@ novi@. Y queremos que todos se lleven bien.

5.- Apóyala cuando esté menstruando.
Yo sé que es súper difícil para la mayoría de hombres lidiar con el periodo de sus novias. Pero ¡vamos! Es sólo un poco de sangre y un poquitín de mal genio. Nada del otro mundo. No sean patanes y no huyan. En vez de eso conviértanlo en un pequeño ritual. Cómprenles pastillas para el cólico, un chocolate o caramelos (lo que a ellas les guste), invítenla a ver una película para llorar en casa, lo que sea para ayudarlas a lidiar con lo difícil que es ser mujer en esos días de mierda.

6.- Aprende a hacer el café como a ella le gusta.
AGAIN, escúchenla, presten atención a cómo le gusta su taza de café o té. Cómo la hacen ellas o cómo la piden en el suirancofi. Cuando no tengan nada que hacer invítenlas a un café o prepárenles una taza de café como a ellas les gusta. Eso demostrará que realmente les están prestando atención. Es un detalle super pequeño pero súper poderoso, porque ella sabrá que te interesas en ella.

Chicos no es difícil mantener a una mujer contenta, como todos creen. Sólo presten un poquito de atención. Espero que estos consejos les sirvan de algo y si quieren agregar algo a lo que he escrito pues dejen un comentario. ;)

lunes, 24 de junio de 2019

"EMPODERAMIENTO MASCULINO"


Muchas veces he dicho que soy feminista. Creo en la igualdad de géneros. Estoy convencida de que las mujeres hemos sufrido de discriminación, abusos, etc., sólo por el hecho de ser mujeres. Estoy de acuerdo con la reivindicación de la sociedad en este tipo de temas. Apoyo el empoderamiento femenino en todas sus formas. PERO, no creo, de ninguna manera, que las mujeres son mejores que los hombres o que debamos tener más privilegios o derechos. Tampoco odio a los hombres, ni creo que todos son unos violadores en potencia.

Lo que sí creo es que, como sociedad, tenemos una responsabilidad muy grande en cómo criamos a nuestros niños varones para que no se conviertan en violadores/abusadores. Y por eso escribo este post.

Hace un par de días estaba con mis dos sobrinos  viendo Disney Jr. y me percaté de algo un poco preocupante. Cada tanto tiempo aparecían propagandas, canciones con letras de empoderamiento femenino. Les inculcan a las niñas que pueden ser princesas siendo ellas mismas. Les dicen que son fuertes, guerreras, que pueden conseguir todo lo que se propongan. Esto me parece maravilloso. Me encanta la idea de que mi sobrina está creciendo en un mundo más inclusivo y que empodere más a las niñas. Que las aleje de los estereotipos de princesas que no hacen nada y sólo esperan ser salvadas por un príncipe. Adoro la figura de la princesa guerrera/aventurera como lo es Mérida o Moana.

Lo preocupante es que, durante el par de horas que vimos este canal, no hubo ni una sola propaganda dirigida a niños varones. Me pregunto ¿qué está pasando?. Nos estamos olvidando, sin querer, o a propósito, no lo sé, de empoderar también a nuestros varones. Creo que hemos confundido erróneamente la idea del “sistema patriarcal” como algo que habilita automáticamente a los hombres por ser hombres. No podemos estar más equivocados.

Sí, el patriarcado existe. Existen estructuras, conductas, llenas de machismo y de violencia. Estructuras que obviamente deben destruirse. PERO, estamos dando por sentado que nuestros hijos varones van a triunfar en la vida sólo por el hecho de ser varones y porque no se enfrentan a todos los problemas que enfrentamos las mujeres. Aquí estamos mal. No todo niño triunfa en la vida, ya sea sentimentalmente o laboralmente, por el hecho de ser hombre. El hecho de que sean varones, no quiere decir que no se encuentren con problemas a lo largo de sus vidas. Y eso es algo para lo que los debemos preparar. Empoderándolos, nutriéndolos, reafirmándolos, al igual que lo hacemos con las niñas.

Todo niño varón merece también escuchar frases como “eres perfecto siendo tú mismo” o “puedes conseguir todo lo que te propongas”. Para “derrotar al patriarcado” debemos, no sólo crear mujeres guerreras que se opongan a los estándares establecidos, sino también criar varones que no tengan miedo a romper estereotipos de masculinidad impuestos.

Algunos dicen “no, pero es que para los hombres todo es más fácil”. Mentira. Si bien es cierto, no tienen que preocuparse, tanto como nosotras, de regresar sanos a casa, para ellos la vida no es más fácil. No se trata de minimizar la lucha de ninguno de los dos bandos. Se trata de entender que, como hombres o como mujeres, tenemos distintas dificultades, y ambos merecen respeto. Como madre de dos varones, yo también temo por ellos. Temo que les hagan daño, temo que se sientan presionados por ser sustento de una familia sin ayuda alguna, temo que no sean felices. Y mi temor no es ni más ni menos importante que el de un padre que teme por su hija que sale sola a la calle. Dejemos de hacer del feminismo una lucha hombres contra mujeres, porque NO LO ES.

Y es que mucha gente se enfoca en el feminismo creyendo que es buscar que las mujeres tengan privilegios o encuentren “venganza” por todo lo que nos pasa. Así lo enfocan, sin querer, y así lo transmiten. Y por preocuparnos de esta lucha feminista nos hemos olvidados que, los hombres, también son parte importante para cambiar la sociedad.

Justo el otro día leía a alguien decir que las mujeres buscan una pareja que las presuma siempre, que las piropee, que las haga sentir bien con ellas mismas. Y ¿ellas qué hacen a cambio? Nada, porque a los varones no se los piropea, no se los presume, no se los consiente. MENTIRA. O sea, es verdad lo que decía esta persona, muchas mujeres piensan y actúan de esta manera. Pero están bastante equivocadas. Los hombres también necesitan mimos y palabras bonitas. También merecen escuchar un “estoy orgullosa de ti”, “eres una persona hermosa”, “te mereces lo mejor del mundo”. Aunque no lo crean, los hombres también sienten presión de encajar en estereotipos tóxicos y les ayudaría mucho tener novias/esposas que les recuerden que “los amas por ser ellos mismos”, o que no es solamente su responsabilidad las cuestiones económicas. Ellos, muchas veces, también batallan con inseguridades, por lo que también necesitan que nosotras los ayudemos a empoderarse con un “te ves muy guapo hoy, me encantas”. No porque son “machos” quiere decir que no necesiten una palabra dulce, no de vez en cuando, sino siempre. Debemos adecuarles un ambiente seguro donde puedan despojarse de esa imagen de todopoderosos impuesta por la sociedad y puedan permitirse ser vulnerables.

¿Eso no es lo que trata de hacer el feminismo? ¿Eliminar los estereotipos de masculinidad tóxica? Pues empecemos, carajo! Que salir a marchar en contra del patriarcado opresor no sirve de nada si no cambiamos la forma en que criamos a nuestros hijos y cultivamos relaciones sanas.

viernes, 20 de enero de 2017

De amores acostumbrados y otros cuentos de terror...

Después de tres años de estar ausente, se siente un poco raro volver a escribir. He leído varias de mis entradas anteriores y, aunque muchas están llenas de razón, me doy cuenta que soy una persona completamente cambiada. Ya son 30 años que pesan sobre mis hombros, pero lo que me motiva a escribir sigue siendo lo mismo. El amor. El jodido amor. Lo que nos mueve a todos. Eso que nos atormenta, nos asusta y, al mismo tiempo, nos da paz y alegría.

En este momento hay mucho que quiero decir sobre este tema. Tengo muchas ideas y voy a tratar de ir ordenándolas mientras escribo.

Comencemos con ¿qué pasa cuando el amor se vuelve costumbre? Yo sé que hay miles de artículos que te dicen cómo devolverle la chispa a tu matrimonio y a tu vida sexual. Personalmente, nunca me han servido. Principalmente porque siempre he creído que el verdadero amor nunca se vuelve costumbre. O por lo menos que se vuelva una costumbre no es algo malo. ¿Por qué? Porque la costumbre es algo con lo que puedes vivir fácilmente. Existen costumbres que te encantan y que te alegran. Lo malo es cuando el amor se vuelve tedioso y no sabes qué hacer con él. El amor puede convertirse en culpa, en rencor, en orgullo. Todos estos, sentimientos que no nos dejan vivir tranquilos.

Y entonces te encuentras en una relación con culpa. Que no terminas porque te da miedo estar sol@ a tus 30s; porque has creado una especie de  dependencia con esta persona; o porque simplemente te da pavor el cambio. Ok, lo entiendo. Me ha pasado. Pero al final eso lo único que hace es dos personas infelices que no saben cómo salir de ese hueco. Y, por cualquier lado en que trates de ver la situación, ESTÁ MAL! Porque, ¡Vamos! Nadie quiere ser infeliz. Estamos en este mundo para ser felices.

Yo no les voy a mentir, ni les voy a endulzar la oreja adornándoles la realidad. La vida duele. El amor duele. Los rompimientos, unos más que otros, duelen. Pero al final lo que deben preguntarse es: ¿quiero terminar ahora, que sé que me va a doler, o termino después, cuando puede que me duela menos, pero puede también que haga más daño? Lo explicaré desde otra perspectiva.

Cuando has caído en el tedio, lo más probable es que ya hayas pensado en terminar, pero eres muy cobarde para dar ese paso. Si estás fastidiado por la situación, lo más probable es que ya hayas dejado de querer. O eres tan ingenuo como para pensar que esas cosas que te generan fastidio ahora, algún día, dejarán de molestarte. Eso no va a pasar. Las cosas que te fastidian hoy, mañana te darán más fastidio. Entonces te puedes encontrar con varias situaciones:

a)      Tú estás fastidiado y te la pasas diciéndole a tu pareja todo lo que hace mal. Por ende, tu pareja también termina fastidiada.
b)      Tú no te sientes fastidiado porque amas a esa persona con todos sus defectos, pero tu pareja parece estar inconforme con la relación por lo que tú te sientes pésimo.
c)       Tú no estás fastidiado porque ya simplemente no te importa nada y estás haciendo daño a tu pareja estando con él/ella haciéndolo pensar que todo está bien.

Y así podría enumerar otras situaciones, pero quedémonos sólo con estas. Sea como sea, en cualquiera de estos escenarios alguien va a salir lastimado. Entonces ¿qué vas a escoger? Terminar sería lo más recomendable. Lo que queda decidir es si o harás ahora o después.

Me imagino que muchos dirán que me he convertido en una cínica que no cree en el amor. Que las relaciones se pueden salvar con trabajo mutuo, amor, comprensión y ternura. Puede ser verdad. Pero, lo siento, en mi caso no aplica. Porque soy madre soltera, soy estudiante, soy pequeña empresaria, como me quieran denominar. Tengo muchas cosas en mi vida por las que preocuparme. Y me cansé de sentirme culpable por no poder darle a un hombre la atención que se merece. Me cansé de sentirme culpable por querer dejar todo y ocuparme de mí misma. Me cansé de adaptarme a una vida que me tocó vivir. Y más que nada me cansé de vivir mi vida preocupándome por el daño que les podría hacer a terceros, cuando yo no me siento cómoda con lo que estoy haciendo.

Me di cuenta que a esta edad, te importa un culo lo que piensen de ti. Más que en los 20s en mi caso. Y comienzas a vivir la vida como quieres vivirla. Fuera de ataduras emocionales y convenciones sociales.

Puedo decir: sí, estuve en una relación de dos años que no funcionó. No nos fue mal, simplemente no estábamos destinados a estar juntos. No éramos el uno para el otro.


Varias veces me intentaron hacer comer el cuento de que a esta edad el amor ya no es como a los 20s. Que ya no sientes esas cosquillas, ni esa emoción que sentías antes. Que la pasión ya no existe, no la vives de la misma manera que en la juventuC. Yo he decidido que no quiero creer eso. Aunque signifique quedarme sola, con mis dos hijos y me toque comprarme una media docena de gatos. ¿Saben qué? Me importa un culo…

viernes, 26 de julio de 2013

De pobreza y otros males...

No se si es por la manera en que he sido criada entre libros, poemas y canciones, que tengo la manía de escribir todo lo que siento y pienso. Todo lo que está a mi alrededor lo analizo y todo lo exteriorizo mediante la escritura. He vivido 26 años siguiendo un principio inculcado por mi padre, que se ha arraigado muy dentro de mi ser: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”. Y es por esta misma razón que me siento en la obligación de compartir mi filosofía de vida y denunciar lo que creo que está mal. En estos últimos meses ha habido cosas que he querido gritar y que no he tenido ni tiempo, ni público para hacerlo. Por eso me he decidido a escribir ahora.

Vivimos en una época en donde todo es moda. La religión es moda. El voluntariado es moda. La sensibilización ante los animales es moda. Y así mismo un sinnúmero de causas “humanitarias” que nos muestran hoy en día. Y de cierta forma está bien, porque terminamos haciendo algo bueno por la sociedad, pero nos perdemos en la moda sin saber bien qué es lo que estamos haciendo.

Aprovechando las palabras del Papa Francisco que ha llamado a la juventud y la sociedad en general a aventurarse en un voluntariado activo, no sólo de palabras; me atrevo yo misma a compartir mis experiencias y mis puntos de vista con quien quiera leer esto.

Soy católica, pero no soy fanática al 100% de la Iglesia. No creo en una institución gobernada por seres humanos. Dado a que todos los seres humanos comentemos errores. Creo firmemente que la fe debe regularse en lo más dentro de cada uno de nosotros. Y los únicos preceptos que debemos seguir como leyes universales, son los de amar al prójimo como a nosotros mismos y todo lo que esto conlleva.

Pero esto no es lo que quiero transmitir realmente. Tomo en consideración este tema porque concuerdo con el Papa, en que necesitamos acciones para cambiar lo que está mal y fortalecer lo que estamos haciendo bien.

Creo que lo he dicho varias veces en mis posts, yo no decidí estudiar derecho porque quiero ser abogada. Ni porque quiero ganar plata. De hecho estoy cada vez más asqueada del sistema legal en nuestro país, a medida que me voy adentrando en este mundo de la práctica del derecho. Yo estudio derecho porque estoy convencida de que las leyes son la base de la injusticia social en la que se encuentra inmersa nuestra sociedad. Y si no sé de leyes, no puedo cambiarlas, ni puedo luchar contra ellas. Estoy convencida de que no todo lo legal es justo, lo que se origina en miles de años de personas incompetentes creando leyes a su conveniencia y a la conveniencia de los que están en el poder.

Entonces mi misión es ayudar a todas las personas que pueda ayudar, a despertar del eterno letargo en el que hemos vivido. A abrir sus ojos a las realidades que hay más allá de los patios con el césped verde y las urbanizaciones con muros gigantes y seguros. Y más que nada a combatir el peor de los males que podemos sufrir: la pobreza. No sólo económica, sino también la pobreza espiritual y la falta de educación.

Se preguntarán ¿cómo llego, yo, a tener esta misión tan compleja? Pues el cuento comienza hace mucho mucho tiempo. Con mi padre, que nació en una familia muy muy pobre, con 7 hermanos y una madre soltera sin profesión alguna. Llegaron a Guayaquil, luego de mucho esfuerzo y mucho carácter de mi abuela (para criar a 6 varones tremendos), a un cuartito sucio, que antes era utilizado como bodega, en el centro de la ciudad, para que puedan estudiar mientras ella se dedicaba a lavar ropa y otras labores para poder darles de comer. Después de haber sufrido muchas necesidades, verdaderas necesidades (no lo que conocemos ahora como necesidades), se pudo labrar una vida, luego de muchos años, de cultura y comodidad. No digo de riquezas, porque nosotros nunca hemos sido ricos, refiriéndome a riqueza económica. Pero sí ricos de espíritu y de cultura. Cosa que para mí es lo más importante.

Cuando mi padre conoció a mi madre, todavía no tenía estabilidad de ningún tipo. La familia de mi madre tampoco era de riqueza económica. Entonces, entenderán que cuando yo nací, aproximadamente un año después de que se casaron, también me tocó sufrir un poco. Pero más que nada les tocó sufrir a ellos. Porque yo tuve la perfecta definición de una princesa. No por mimada sino por lo delicada que era físicamente. No era un bebé de esos “todo terreno” y les costé cada centavo que podían ganar. Mientras crecía no conocí lo que era andar en carro propio durante mucho tiempo. Ni lo que era tener los zapatos o la ropa de moda. No supe, hasta muy entrada mi adolescencia, lo que era tener una navidad con muchos juguetes y regalos.

Aun así nunca me faltó nada. Estudié música. Aprendí idiomas. Me gradué en un buen colegio. Estudié en buenas universidades. Pero lo que sí conocí y de lo que estoy convencida hasta el más pequeño de mis átomos, es que somos capaces de hacer todo lo que nos propongamos, por más difícil que esto parezca.

Y es a eso que va mi post. Recuerdo mis días, saliendo cansada de la escuela, volando a casa para cambiarme de ropa y salir por las mismas al conservatorio. Almorzar algo en el trayecto en bus y tomar una pequeña siesta antes de llegar a mis clases de solfeo y piano. Y todo ese esfuerzo que hice, toda esa tristeza que sentía a ratos por no poder hacer lo que los “niños normales” hacían, como ver tv o entrenar deportes, se ve ahora reflejada en mi tan íntima relación con la música y la literatura, la cual no cambio por nada.

Ese esfuerzo no sólo de mis padres, sino también mío (tal vez ahora lo veo más claramente que cuando estaba pequeña), de querer superar cualquier obstáculo que se presentara en mi vida, es lo que me lleva a la misión que me he trazado. La pobreza no es algo que está ahí y que existirá siempre. La pobreza es un mal que nos aqueja a todos. Porque si cerramos los ojos a lo que hay más allá, sumergimos nuestra vida en pobreza, al contrario de lo que creemos. Mostrarnos indiferentes lo único que hace es crear pobreza en nuestros corazones. ¿Queremos que nuestros hijos crezcan en un mundo pobre? Por lo menos yo, no lo quiero. No quiero que mis hijos crean que porque ellos no sufren necesidades, no existe gente que pase por eso. No quiero que vivan con los ojos cerrados. Y ciertamente no quiero que sean intolerantes a las demás realidades diferentes a las de ellos.

Entonces, si quiero un mundo diferente para ellos, ¿quién hará que así sea? Pues yo. Por mí comienza el cambio. Y si puedo ayudar a una familia a que supere los obstáculos que la vida presenta muchas veces, lo haré encantada. Si puedo evitar que una persona sufra lo que alguna vez sufrió mi padre, como muchos otros miles, seré feliz. Y si puedo hacer que esto se replique 10, 100, 1000, un millón de veces más, estoy segura de que mi misión estará cumplida.



Si no lo hago yo ¿quién lo hará? Si no somos nosotros, entonces ¿quién?

martes, 4 de junio de 2013

De pobres a indefensos...

Nos encontramos en momentos deplorables en la historia de la humanidad. Tal vez muchos vean el ambiente político- social de nuestro país y piensen que lo que está sucediendo en estos momentos, difícilmente, puede ser catalogado como histórico. Yo, por mi parte, difiero de esto. No porque seamos un país pequeño, lejos del primer mundo, significa que lo que pasa aquí no es historia. O que los atropellos que viven nuestros compatriotas están fuera del escrutinio de la comunidad internacional.

A pesar de haber tenido cambios significativos en la Constitución en materia de Derechos Humanos, podemos ver cada día cómo éstos están siendo violentados de manera imperdonable. Más ahora, con los acontecimientos que hemos venido presenciando en los últimos meses en Guayaquil. La pregunta que todos debemos hacernos como seres humanos en general, es ¿hasta dónde puede una política estatal, una acción legalmente fundamentada, pasar por encima de los derechos humanos de cada individuo? O en este caso, de un colectivo enorme de personas viviendo en situaciones precarias.

Si bien es cierto los terrenos que han sido desalojados son invasiones, muchos de ellos fueron vendidos de manera ilegal por traficantes de tierras. Muchas familias fueron perjudicadas por estos personajes sin escrúpulos que trataron simplemente de beneficiarse de la ignorancia.

Así mismo, muchas de estas viviendas están ubicadas en zonas de riesgo, pero aún así constituyen el humilde hogar de cientos de familias, ahora afectadas. Y por este motivo no es posible que se desaloje forzosamente a las mismas sin antes tener un buen plan estructurado para su reubicación o indemnización. Porque aún cuando estas casas no son legales, son hogares, son refugios, y el derecho a una vivienda digna, así como el derecho a la movilidad humana, en el caso de personas que migran desde el campo, y a la seguridad social, son consagrados por nuestra Constitución. Y es que la seguridad social no simplemente consiste en la atención médica gratuita y eficaz, sino a la planificación y realización de políticas sociales que acrediten el ejercicio de los derechos humanos por encima de cualquier otra situación legal. “El más alto deber del Estado consiste en respetar y hacer respetar los derechos garantizados en la Constitución” (Artículo 11, numeral 9 de la Constitución Política del Ecuador). Por mucho que quiera hacerse un bien a estas familias, se las está dejando en la indefensión.


Nos encontramos ante la cuestión de si los actos cometidos son legales o son justos. Sí, son legales desde un punto de vista estrictamente jurídico. El gobierno está en todo su derecho a desalojar estos terrenos, sea como sea, porque son invasiones. No hay títulos de propiedad, no hay pago de impuestos, no hay servicios básicos, no hay seguridad. Pero, ¿es justo llegar a una casa de una anciana o de una familia con cinco hijos pequeños, con militares, con armas y destrozar lo poco que han podido construir en el tiempo que llevan viviendo ahí? No, no es justo desintegrar, en menos de una hora, la vivienda, el hogar de cualquier familia. Son algunos los derechos que están violando por restituir estos derechos a su dueño original, o sea cual sea el fin de los mismos.

La Organización de las Naciones Unidas, ha sido clara muchas veces en cuanto a este mismo tema. La Oficina del Alto Comisionado de la Naciones Unidas para los Derechos Humanos, expide una resolución en el 2004 expresando su desacuerdo con los desalojos forzosos. En la misma indica que “Reafirmando que cada mujer, hombre y niño tienen derecho a un lugar seguro para vivir en paz y con dignidad, derecho que incluye el de no ser desalojados en forma ilegal, arbitraria o discriminatoria de su vivienda, tierra o comunidad (…) Tomando conocimiento con interés de la jurisprudencia reciente del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos con respecto a la prohibición de los desalojos forzosos(…) 1. Reafirma que la práctica del desalojo forzoso que es contraria a las leyes que se conforman a las normas internacionales de derechos humanos constituye una violación grave de un amplio conjunto de derechos humanos, en particular el derecho a una vivienda adecuada; 2. Insta firmemente a los gobiernos a que tomen medidas INMEDIATAS, a todos los niveles, para eliminar la práctica de los desalojos forzosos mediante, entre otras cosas, la revocación de los planes existentes que entrañen desalojos forzosos y de toda legislación que los permita, y la aprobación y aplicación de legislación que garantice el derecho de seguridad de la tenencia de la vivienda a todos los residentes; 3. Insta firmemente también a los gobiernos a que protejan a todas las personas que estén amenazadas de desalojo forzoso y a que adopten todas las medidas necesarias para proporcionarles una protección plena contra el desalojo forzoso, sobre la base de la participación de las personas o los grupos afectados y de consultas y negociaciones efectivas con ellos

Podemos ver que la ONU, siendo un alto organismo en defensa de los derechos humanos, está en contra de la utilización de desalojos forzosos en cualquier tipo de contexto. Y así mismo, en el Art. 4 de la resolución antes mencionada indica “4. Recomienda a todos los gobiernos que procedan de inmediato a la restitución de los terrenos o viviendas, la indemnización por ellos o su sustitución por otros adecuados y suficientes a las personas y comunidades que hayan sido desalojadas por la fuerza, tan pronto se celebren negociaciones mutuamente satisfactorias con las personas o los grupos afectados, de conformidad con sus deseos, derechos y necesidades, y se reconozca la obligación de garantizar dicha prestación en caso de desalojo forzoso”.

En el contexto que nos ocupa, no podemos decir que estas acciones fueron pasivas, aún cuando hayan sido notificadas con tiempo, dado a que se utilizó a miles de militares armados para conseguir los desalojos, la destrucción de las viviendas, el desplazamiento a la fuerza de las familias. Cuando te sacan de un lugar del cual no quieres salir, por cualquier motivo que exista, es un desalojo a la fuerza. Peor aún si nos encontramos con grupos de atención prioritaria o grupos vulnerables, como los llama la Constitución, esto es niños, mujeres y ancianos. Cuatrocientas familias hasta ahora, faltando todavía más de la mitad por desalojar.


Lo más preocupante es una sociedad anestesiada que avala estas acciones sin darse cuenta que las personas, las familias, los niños, ancianos, etc., están siendo violentados de una manera que debería ser reprochada. Deberíamos sentirnos indignados por los atropellos cometidos, como si se estuvieran cometiendo con nosotros mismos. Más allá de las condiciones legales, de la inseguridad que hay en estos barrios, o de la falta de educación que se presenta en los mismos, la vida de estas personas se está poniendo en peligro. Se les está quitando el refugio, la vivienda. Se hace caso omiso a los tratados internacionales y de derechos humanos, y se los extirpa de su ambiente, simplemente para dejarlos a la intemperie de una sociedad que los ha olvidado.